MADEIRA 2019 – 1 – CALDEIRAO VERDE – CALDEIRAO DO INFERNO

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“Madeira es una isla compleja por su intrincado relieve, con fuertes contrastes entre la costa sur, más cálida y poblada, la norte, acantilada, verde y húmeda y el interior dominado por un macizo central montañoso con techo en el pico Ruivo con sus 1.861 metros de altitud y por una amplia meseta. El senderismo es la principal oferta de la isla. Madeira cuenta con 2.500 kilómetros de senderos y levadas. Las levadas son una interminable red de canales para transportar agua que recorren la práctica totalidad de la isla. En general los itinerarios están bien marcados. Las levadas no presentan dificultad alguna de orientación puesto que sólo consiste en seguir el canal de agua, para el resto de senderos muchos de ellos están marcados con las correspondientes señales de PR. ( Los senderos balizados como de Pequeño Recorrido (PR) son rutas de senderismo que tienen una distancia comprendida entre los 10 y los 50 km de distancia. Para realizar las levadas es imprescindible llevar una linterna y un chubasquero o alguna prenda impermeable. También en algunas de ellas hay que extremar las precauciones puesto que poseen pasos muy aéreos sin protección.”

Con esta información me invitaron a sumarme a visitar Madeira con un  grupo de senderistas en un viaje organizado por el  Club Deportivo B.H. Canarias Climb y dirigido por Fidel. Y no lo dudé un instante.

Un viaje perfectamente organizado. Gracias Fidel por tu magnífica y desinteresada labor.

Veintidós entre mujeres y hombres conformamos el grupo y desde Funchal partíamos a realizar al menos una ruta cada día.

Día 1.- CALDEIRAO VERDE – CALDEIRAO DO INFERNO

 

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“Casa do Abrigo das Queimadas”

17,6  kms.  Lineal ida y vuelta. Tiempo 6 horas, Desnivel máximo 362 metros

Dejamos el coche en el Parking de Queimadas que está a 43,7 kms, de Funchal. Aproximadamente 50 minutos.  El camino de levada que nos lleva hasta la Caldera Verde, PR 9, puede considerarse como uno de los más espectaculares de la isla. La orientación y la gran cantidad de agua hacen que siempre luzca una vegetación exuberante. Esta ruta está esculpida en la roca en gran parte de su recorrido y se atraviesan varios túneles y cascadas para llegar el final del mismo. En invierno, el camino suele estar húmedo y será muy probable que nos mojemos. En todo el sendero hay vallas protectoras para las zonas más aéreas que son bastantes aunque no presentan ninguna dificultad. Es necesaria una linterna para atravesar los cuatro túneles que nos encontraremos. Con la linterna podremos ver donde pisamos, evitar charcos y no olvidar alumbrar el techo para evitar golpes en la cabeza en los pasos más bajos. El camino es ancho, hasta que poco a poco empieza a estrecharse y en ocasiones únicamente tenemos el muro de la levada para seguir avanzando. Durante todo el camino tendremos a nuestra izquierda la levada con grandes muros y vegetación y a nuestra derecha en ocasiones tendremos precipicios de más 100 metros. Podremos disfrutar en esta primera parte del camino de unas fabulosas vistas sobre la costa norte y alguna que otra aldea al fondo del valle. Pasaremos junto a algunas cascadas y en alguna ocasión el camino deja la levada durante unos metros para sortear pasos más estrechos. A partir de este punto casi todo el camino está asegurado con una valla. Llegamos a un primer túnel muy corto pero oscuro y unos minutos más tarde llegamos al segundo túnel mucho más largo, justo después de pasar el desvío hacia la que sale a nuestra derecha. A pocos metros pasamos el tercer túnel que en algunos tramos es muy bajo y mucho más largo que los anteriores. En mitad del recorrido, este túnel tiene una ventana que nos permitirá un respiro. Más adelante pasamos el cuarto túnel. Después de este túnel tenemos una cascada que si ha llovido deberemos sortear puesto que cae justo sobre la levada.

De regreso al alojamiento nos dio tiempo para parar para visitar las típicas casas  de Santana. Son casas triangulares con techos a dos aguas. Suelen utilizar los colores rojo y azul en puertas y ventanas. Si bien antiguamente se utilizaron como vivienda de agricultores, hoy sirven como atracción turística siendo utilizadas como museo, tienda o para explicar como se trabajaba el lino. También en Tenerife, en un caserío de nombre El Batán utilizaban la misma técnica. Los techos son de paja y tienen unos jardines bien cuidados.

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