FARO A FARO (por Celia Salgado)

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MAPA CON RUTA FARO A FARO         La travesía Faro a Faro tiene mucho que contar:

Celia Salgado nos cuenta su experiencia en 2013 en la que tuvo que abandonar para más tarde, en 2016, completarla.

Travesía Cesáreo Tejedor Pérez 2013   

Hace 44 años, un grupo de jóvenes y entusiastas montañeros del Grupo Montañero de Tenerife realizó la primera travesía desde el faro de Anaga al faro de Teno, cruzando la isla de Tenerife de este a oeste, a través de toda la cordillera Dorsal y ascendiendo a su pico más alto, el Teide.
Esta travesía lleva el nombre del fundador del Grupo Montañero de Tenerife, Cesáreo Tejedor Pérez, que, aunque la planeó, falleció antes de llevarla a cabo.

A lo largo de los 23 años que llevo caminando por las islas Canarias con el Grupo, siempre me fascinó esta hermosa ruta. Pero no estaba al alcance de mis posibilidades, por su exigencia física. Así que me dediqué a caminar por los Ancares, el Xeres, el Himalaya, los Andes, los Alpes, el Kilimanjaro, los Taurus, los macizos de Rila y Pirin, los Picos de Europa, los Cárpatos…, ya que no tenía que transportar una pesada mochila ni caminar muchos kilómetros cada día.

Pero… he aquí que, para estas vacaciones de Semana Santa, finales de marzo de 2013, Luis Villegas, uno de aquellos montañeros que participó en la primera Travesía, la organiza de tal manera que pudiésemos hacerla todos los que no podemos con mucho peso a la espalda. Así que me dije: ¡Esta es la mía! ¡Me anoto!
Alberto Alom, otro de los montañeros que también realizó la primera Travesía, iba a participar en esta.

¡Qué suerte caminar con ellos! Me parecía que, de alguna manera, me trasladaría a los primeros tiempos del Grupo Montañero de Tenerife.

Desarrollo de la Travesía 2013
26, 27, 28, 29, 30 y 31 de marzo de 2013

El grupo de participantes

-Natalia Vivas, Javier Blázquez y Orlando Romero (Federación Madrileña de Montañismo)
-Macarena León (Grupo Montañero Tamaide)
-Artemio Pérez (Chahorra Trail)
-María Celia Salgado, Luis Villegas, Alberto Alom, Guillermo Romero, Santiago Pérez, Antonio Hernández, Juan Pedro Sigut y Alberto Brito (Grupo Montañero de Tenerife)

Primer día, martes, 26 de marzo de 2013
Faro de Anaga, Cabezo del Tejo, albergue de Anaga

Salimos de Chamorga. Bajamos hasta Roque Bermejo y desde aquí, hacia las 16:00 horas, subimos al faro de Anaga. Continuamos subiendo, siempre subiendo… Los verodes y los tajinastes blancos descendían las laderas en dirección al mar, los cardos reventaban de flores rosas y la laurisilva rezumaba verdor en cada rama. Al oscurecer, llegamos al albergue de Anaga.

Yo era la más lenta, iba a paso de Semana Santa. Pero no iba sola; siempre tenía a algunos de mis compañeros a mi lado, acompañándome.

Al llegar al albergue, un gran amigo de Villegas, Jorge Socorro, nos había preparado unas riquísimas lentejas con chorizo, morcilla y panceta y un delicioso arroz blanco. Después de la cena, Villegas y Jorge nos deleitan con sus magníficas voces, acompañados de la guitarra. ¡Qué lujo! ¡Cuánto por tan poco!

Segundo día, miércoles, 27 de marzo
Desde el albergue de Anaga al polideportivo de La Esperanza

Una parada en la Cruz del Carmen para comer un escaldón y, a continuación, otra parada en un bar, camino de Mesa Mota. Los cultivos y las casitas se extendían por los valles. A lo lejos, el aeropuerto. Más allá, en lo alto, La Esperanza. Los nísperos, maduros y aterciopelados, eran el fruto prohibido del Edén que atravesábamos. Antonio me ofreció uno. No pude resistir la tentación.

¡Algunos kilómetros más que el día anterior!
Todavía no me puedo creer que haya caminado tanto, entre 32 y 34 kilómetros. Fue posible gracias a la no competitividad de mis compañeros; a valorar más el camino que el llegar cuanto antes a la meta; a considerar que es más importante el hablar, el conocernos, el contemplar y disfrutar del paisaje que llegar el primero; a tener claro que éramos montañeros no corredores de fondo…

Tercer día, jueves, 29 de marzo
Desde el Polideportivo de La Esperanza a La Crucita

Hoy, no sé si podré acabar esta etapa. Tengo una gran ampolla en la planta del pie izquierdo. Las conversaciones con los más jóvenes de mis compañeros me hacen olvidar el dolor.

Uno de nuestros veteranos montañeros, Francisco Mora, nos guía hasta Ayosa a través de pinos, por un camino bordeado de alhelíes y jaras. ¡Qué maravilla el contraste entre el verde intenso y oscuro del pinar con el fuerte color violeta de las nepetas! Francisco Mora fotografía algunas plantas y me comenta que Edmundo Herrero le enseñó a conocerlas. ¡También a mí! -le dije.
Entre pinos, pinocha, jaras y alhelíes, llegamos a Ayosa y desde aquí seguimos por la carretera hasta la Crucita. Una guagüita nos lleva hasta el refugio de nuestro Grupo, refugio Edmundo Herrero.
Jorge, nuestro cocinero muchas estrellas, nos esperaba con unos churritos de pescado calentitos, jugosos, crujientes; y mientras los saboreábamos, preparaba una excelente cena.

Después de la cena, no pude participar en los cantos. Mis pies estaban cada vez peor, con más ampollas y rozaduras y me sentía bastante cansada. Pensé que debía retirarme, pero me encontraba tan bien entre mis compañeros que decidí seguir adelante. Si tuviese que definir al grupo de participantes diría que, como auténticos montañeros, desbordaban capacidad, sencillez, simpatía, equilibrio, optimismo, generosidad, sabiduría, prudencia, madurez, saber vivir, saber estar y, por supuesto, saber caminar. Un grupo extraordinario con el que tuve la suerte de compartir el camino.

Cuarto día, viernes, 29 de marzo
La Crucita, El Portillo, Montaña Blanca, refugio de Altavista

La guagüita nos recoge en nuestro refugio y nos lleva hasta La Crucita para empezar la etapa en donde la habíamos dejado el día anterior.
El día está radiante, despejado, primaveral. Empezamos a caminar en dirección a Izaña. En el centro de visitantes del Portillo, nos esperaban Jorge y Airam (el hijo menor de Luis Villegas) con la comida y unas neveras llenas de refrescos y agua. Dos horas de descanso. A las 14:00 horas, emprendemos el camino hacia Montaña Blanca.

Cada vez hay más distancia entre mis compañeros y yo; aunque, como siempre, no voy sola, en la calurosa y cada vez más empinada subida. En la ascensión al Teide, necesito parar constantemente. Estoy cada vez más cansada. Los pies no me caben en las zapatillas deportivas, ¡me abrasan!

La enorme sombra del Teide y un suave frescor nos recordaban que pronto empezaría a oscurecer.

Ya en el refugio de Altavista, tomé la decisión de retirarme. Llamé por teléfono a Eutimio, mi marido, para que, al día siguiente, subiese a recogerme a Altavista. Me agobiaba la idea de la soledad del camino entre el refugio y el teleférico ¡No tenía valor para afrontar tanta soledad!

Quinto día, sábado, 30 de marzo
Refugio de Altavista, cumbre del Teide, albergue de Bolicos

Hacia las siete, solamente otra litera estaba ocupada en mi cuarto. ¡Era Alberto Brito que se había quedado para acompañarme! ¡Cuánta generosidad! Al llegar al teleférico, Alberto subió al Pico y en muy poco tiempo llegó para despedirse de mí y partió al alcance de los demás compañeros.
A las 20:00 horas, los llamé por teléfono. Acababan de llegar al albergue de Bolicos, desde las 5:00 horas que habían salido de Altavista.

Me imagino la satisfacción y el asombro, ante tanta belleza, de los que ascendían por primera vez al Teide: Natalia, Orlando, Javier, Antonio y Juan Pedro. Me imagino también a Macarena, Guillermo, Santiago, Artemio y Alberto Brito, fascinados después de tantas horas a través de espectaculares volcanes. Me imagino la emoción de Villegas y Alom recordando la primera travesía Faro a Faro.

Sexto día, domingo, 31 de marzo
Albergue de Bolicos, Teno Alto, faro de Teno

A las 14:00 horas, los estoy esperando en el faro de Teno. Uno tras otro van llegando. Abrazos, fotos, baños y embarco hacia el muelle de Los Gigantes. Eutimio y yo, en coche. Barco y coche llegan al mismo tiempo al muelle. Y como dijo Luis Villegas: “¡Mañana otra vez a la realidad!”.

El próximo año, posiblemente volvamos a la fantasía de la Travesía, se cumple su 45 aniversario. No sé si podré hacerla toda o quizás menos que este año. De lo que sí estoy segura es que, si las circunstancias me lo permiten, volveré a participar.
La travesía Cesáreo Tejedor me ha hecho sentir intensamente y aprender en 4 días lo que un montañero puede experimentar en la montaña: soledad y compañía; deleite y sufrimiento; liberación y agobio; orgullo y humildad; capacidad e impotencia; superación y desánimo…Y, por supuesto, disfrutar del variado, exclusivo y bello paisaje tinerfeño. Cesáreo Tejedor sabía lo que proyectaba.

Mª Celia Salgado Pérez